Altea es uno de esos destinos que sorprenden antes incluso de comenzar a recorrerlos. Su casco antiguo se extiende sobre una colina cubierta de casas blancas, calles empedradas, miradores abiertos al Mediterráneo y pequeñas plazas donde el ritmo parece avanzar más despacio. Esta imagen, coronada por las características cúpulas azules de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, explica por qué muchos viajeros comparan la localidad con algunos pueblos costeros de Grecia.
Sin embargo, Altea conserva una personalidad propia profundamente vinculada a la Costa Blanca. Aquí podemos combinar patrimonio, paisaje, gastronomía y playa sin depender de grandes desplazamientos. Su proximidad a Benidorm permite además integrarla fácilmente en una ruta por la comarca de la Marina Baixa.
Un casco antiguo construido para recorrerlo a pie

La mejor forma de conocer Altea es comenzar desde la parte baja y ascender poco a poco hacia el casco histórico. Durante el recorrido encontramos fachadas encaladas, puertas de madera, plantas cuidadosamente colocadas y talleres artesanales que aportan vida a las calles. Debemos llevar calzado cómodo, ya que buena parte del atractivo del pueblo se descubre caminando por pendientes, escaleras y callejones estrechos.
La plaza de la Iglesia constituye el centro visual y social de la zona alta. Desde este punto podemos contemplar las cúpulas de cerámica azul y blanca, entrar en pequeños comercios o detenernos en alguna terraza.
Miradores con vistas al Mediterráneo
Uno de los principales atractivos de Altea es la sucesión de miradores distribuidos por el casco antiguo. Desde ellos podemos observar el paseo marítimo, el puerto, la bahía y las montañas que rodean la costa. Recomendamos visitar estos puntos a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando la temperatura es más agradable y la luz resalta el blanco de las fachadas.
El Mirador de los Cronistas de España, junto a la plaza principal, ofrece una de las panorámicas más reconocibles. No obstante, conviene alejarnos también de las calles más transitadas para descubrir perspectivas menos concurridas. Altea invita a recorrerla sin una ruta demasiado rígida, dejando espacio para entrar en galerías, observar detalles arquitectónicos y detenernos en rincones inesperados.
El paseo marítimo y las playas de Altea
Después de visitar la zona alta, podemos descender hasta el paseo marítimo. A diferencia de otros destinos con extensas playas de arena, la costa de Altea se caracteriza principalmente por sus playas de cantos rodados y aguas transparentes. La playa de la Roda es una de las más accesibles y se encuentra junto a numerosos restaurantes, mientras que Cap Negret ofrece un entorno más tranquilo.
El paseo permite caminar junto al mar, disfrutar de las vistas y acceder fácilmente a establecimientos donde probar arroces, pescados, mariscos y platos tradicionales de la comarca. Consideramos especialmente recomendable reservar tiempo para comer sin prisas, ya que la gastronomía forma parte esencial de la experiencia.
Una excursión perfecta desde Benidorm
Altea se encuentra a poca distancia de Benidorm, por lo que podemos visitarla durante una excursión de medio día o incorporarla a una ruta más amplia por los alrededores. El contraste entre ambos destinos resulta evidente: Benidorm destaca por sus grandes playas, su actividad urbana y su oferta de ocio, mientras que Altea propone un ambiente más pausado, artístico y tradicional.
Quienes dispongan de varios días pueden combinar ambas localidades con otros lugares cercanos, como el parque natural de la Serra Gelada, l’Alfàs del Pi, Villajoyosa o el núcleo costero de Albir.
Cuándo conviene visitar Altea
Podemos visitar Altea durante todo el año, aunque la primavera y el otoño ofrecen temperaturas especialmente agradables para recorrer sus calles. En verano encontramos más ambiente y servicios abiertos, pero también una mayor afluencia de visitantes y temperaturas elevadas durante las horas centrales.
Para disfrutar plenamente del pueblo, recomendamos llegar temprano, recorrer primero el casco antiguo y reservar la parte final del día para el paseo marítimo. Así descubrimos las dos caras de Altea: la localidad blanca suspendida sobre el Mediterráneo y el destino costero que conserva una identidad propia a pocos kilómetros de Benidorm.